La Luz en el Caldero



Ya han pasado casi dos meses desde que celebramos el Sabbath de Yule, el Solsticio de Invierno, y la energía que despertamos en ese ritual aún continúa presente. Este año y por distintos motivos personales llevamos a cabo una celebración muy sencilla e íntima. Necesitábamos sentir el calor del hogar, la compañía de nuestros seres amados y amigos y la calidez que podía ofrecernos el círculo.


Cerrar 2020 con un ritual en el que festejar el renacimiento de la Luz y de la Esperanza era para nosotros tan vital como respirar. Ha sido un año difícil en el que muchos hemos tenido que enfrentarnos a la soledad durante más de tres meses, y una cosa es disfrutar de la soledad elegida y otra muy diferente cuando esta viene impuesta por las restricciones sanitarias. Verdaderamente este ha sido un año para valorar a quién queremos tener en nuestra vida y cuanto queremos implicarnos en crear una comunidad que nos nutra y sostenga.


Por todo esto sentimos tan necesario llevar a cabo este ritual. Como siempre comenzamos con unas buenas charlas para ponernos al día de cómo habían transcurridos nuestras semanas; que novedades teníamos o en qué punto nos encontrábamos con cada una de nuestras problemáticas personales. Se hace raro no poder abrazar sin sentirte culpable, sobretodo cuando la persona que tienes delante se abre emocionalmente en busca de consuelo y apoyo. Pero como siempre triunfaron las risas y la alegría de sabernos entre gente que no nos juzga, sino que nos apoya.


Preparamos el espacio ritual montando el altar y colocando la decoración propia de esta fiesta: ramas de acebo, hiedra, pino, abeto, muérdago, cedro… Todas estas plantas que se mantienen verdes en el corazón del invierno nos recuerdan la importante que es mantener la esperanza, que la vida regresará de nuevo con la primavera. El olor fragante de las ramas de pino empezó a ejercer su magia sobre nosotros y era casi como estar en un bosque en las montañas. Las imágenes mentales empezaron a preparar el terreno para la magia que tendría lugar después.


Este año decidimos hacer un trabajo concreto con el tronco de Yule. El tronco de Yule es una antigua tradición de los paises del norte de Europa (sobretodo en la zona nórdica) que se ha mantenido viva en muchos lugares y que ha visto un nuevo auge con el crecimiento de las practicas neopaganas. La tradición marca que el tronco se encienda en la noche del Solsticio (o en la noche de Nochebuena) y permanezca ardiendo durante los doce días de Navidad, es decir hasta la Epifanía (noche de Reyes). Con esto garantizamos la protección de nuestro hogar y de nuestras familias durante la época más oscura del año, sirviendo como un escudo contra las hordas de espíritus que pueblan las noches invernales. Las cenizas del tronco también se consideraba que tenían importantes propiedades mágicas para garantizar la salud, acabar con las plagas del ganado y los cultivos, aumentar la fertilidad o proteger de las tormentas.



Inspirados por el trabajo que el año pasado llevó a cabo el grupo de Witches of New York en colaboración con la Lithuanian Alliance of America/SLA, decidimos trabajar con un tronco sobre una base de ramas vivas y dibujar en el suelo una serie de sigilos relacionados con la energía de esa noche. El resultado fue maravilloso y pudimos sentir como el espíritu de la vegetación que residía en el tronco se manifestaba en el círculo. Sobre el tronco dejamos una vela a la espera de encender el fuego sagrado del Sol.


Las velas ardían por todo el círculo y dentro del caldero aguardaba un gran cirio que encenderíamos en el momento adecuado del ritual. El humo del incienso nos limpió de todo aquello que necesitábamos dejar atrás y abrió la puerta a nuestros recuerdos sobre cómo caminar entre los mundos. Recitamos nuestros cantos e invocaciones a los elementos y finalmente llamamos a la Gran Madre sin principio ni final, a la Señora de la Noche Más larga de todas para que diera a luz al Sol y la esperanza regresara al mundo:



¡Reina del Sol

Reina de la Luna

Reina de los Cuernos

Reina de los Fuegos

Trae a nosotros al Niño de la Promesa!


Es la Gran Madre

Quien lo trae al Mundo

Es el Señor de la Vida

Quien vuelve a nacer

Oscuridad y lágrimas

Son dejadas de lado

Cuando el Sol vuelve

A salir por la mañana


¡Sol Dorado

De montaña y campo

Ilumina la Tierra

Ilumina los Cielos

Ilumina las Aguas

Ilumina los Fuegos!



La Gran Madre se hizo presente y de sus manos recibimos el regalo de la Luz Divina que nace del Caldero, la Luz sagrada que ilumina el mundo. Desde esa calidez, desde ese corazón palpitante encendimos nuestras propias luces y compartimos en amor y confianza la alegría de estar juntos de nuevo, de poder tomarnos de las manos y mirarnos a los ojos en el círculo mágico.



Una vez llevado a cabo el ritual solo nos quedó disfrutar de nuestra mutua compañía, sentados alrededor de la parpadeante luz de las velas disfrutamos de la calma que llega siempre tras un viaje al Otro Lado. Y esa noche más que ninguna otra, la noche más larga de todas, sentimos que no estábamos tan solos, que los vínculos y los lazos que se crean en el círculo van más allá de lo terrenal y que siempre podremos encontrarnos de nuevo entre los Mundos.